La microbiota son grandes colonias de microorganismos que conviven con nosotros en un estado de simbiosis, es decir, que entre ellos y nosotros se genera un intercambio beneficioso para ambos. Nosotros les proporcionamos hábitat y alimento y ellos realizan funciones biológicas esenciales para nuestra supervivencia y bienestar.
Tenemos muchas más células microbianas que de nuestro propio cuerpo y en esta simbiosis que hemos comentado, una microbiota sana nos ayudará a mantener funciones vitales y a prevenir enfermedades. Nos ayudará en el metabolismo, la inmunidad, la tolerancia a alimentos, incluso a eliminar sustancias tóxicas.
La microbiota intestinal forma parte de nuestra barrera defensiva, convive en la mucosa intestinal con células inmunitarias e impide que microorganismos invasores se establezcan allí. Y lo hacen compitiendo con ellos por el alimento, dificultándoles la supervivencia y estimulando a la vez nuestro sistema defensivo.
La microbiota también nos ayuda con la tolerancia a ciertos alimentos, produce metabolitos que necesitamos para estar sanos y gracias a ella se recupera parte de la energía proveniente de los hidratos de carbono no digeribles y fibras alimentarias, las cuales a su vez constituyen el propio alimento de dicha microbiota. Las bacterias del colon transforman ciertos nutrientes en compuestos como los ácidos grasos de cadena corta, que una vez absorbidos actúan como reguladores metabólicos. Algunos microorganismos sintetizan vitaminas como la K (imprescindible para la coagulación) y algunas vitaminas del grupo B. También descomponen fármacos y toxinas.
Funciones de nuestra microbiota intestinal
- Digerir nutrientes: fundamental para la tolerancia a ciertos alimentos.
- Control de patógenos: no sólo de agentes externos, sino también hallados en la propia flora autóctona (patógenos facultativos), manteniendo así un equilibrio entre todos los microorganismos que conforman la microbiota.
- Estabilización de la integridad de la mucosa: generación y conservación del moco en la primera línea de defensa contra patógenos, evitando patologías y asegurando una correcta permeabilidad intestinal.
- Estimulación, maduración y diferenciación de linfocitos y las diferentes estructuras inmunitarias: ayudándonos a desarrollar un sistema inmune fuerte.
- Síntesis de vitaminas y absorción de oligoelementos: como la vitamina K y el complejo B, también ayudan al peristaltismo (movimiento intestinal).
Como ya hemos comentado, nuestra microbiota sana vive en simbiosis con nosotros y es de vital importancia porque nos ayuda en funciones metabólicas, inmunológicas, en la tolerancia a alimentos y a eliminar sustancias tóxicas, entre otras funciones.
Qué microorganismos forman nuestra microbiota
Se conocen 4 grupos principales de microorganismos. El 99 % del ADN que se halla en las heces pertenece a microorganismos incluidos en estos 4 grupos principales: bacterias, arqueas, eucariotas (que incluyen hongos y parásitos) y virus.
Además, recientemente se ha encontrado la gran importancia de los llamados bacteriófagos, un tipo de virus que se replica dentro de las bacterias y que representan uno de los mayores vacíos en el conocimiento del microbioma humano. Entre ellos se reconocen dos tipos de bacteriófagos prevalentes en nuestra microbiota intestinal: los Caudovirales y los Microviridae.
Clasificación de las bacterias intestinales
Si hablamos de bacterias intestinales exclusivamente, nos encontramos con dos clasificaciones muy utilizadas. Una de ellas según taxonomía, es decir, agrupando a las bacterias en filos o familias en las que todas ellas presentan similitudes genéticas. Y la segunda clasificación se basa en la agrupación de las bacterias dependiendo de su funcionalidad, es decir, se hallan agrupadas según su función (si realizan las mismas funciones o funciones que se complementan entre sí, con un mismo propósito o finalidad en el organismo humano).
Atendiendo a su clasificación en cuanto a la funcionalidad conocemos 3 grandes grupos de bacterias intestinales
- Bacterias muconutritivas: mantienen el moco de la mucosa intestinal. Este moco es importante porque forma parte de la barrera intestinal contra patógenos; es por lo tanto parte de nuestra primera línea de defensa. Estas bacterias también ayudan a la digestión, absorción y síntesis de muchos nutrientes.
- Bacterias reguladoras: este grupo se divide en dos grandes subgrupos:
- Bacterias reguladoras inmunológicas que regulan la activación del sistema inmunitario local e inducen la respuesta inmunitaria innata o inespecífica frente a agentes patógenos o extraños.
- Bacterias reguladoras defensoras, que crean junto con el mucus una barrera física tapizando la pared intestinal. Mantienen el pH en la luz intestinal y conservan la permeabilidad adecuada de la mucosa.
- Bacterias proteolíticas: son importantes porque metabolizan proteínas en el intestino grueso pero, al mismo tiempo, generan sustancias tóxicas como las aminas que, entre otras alteraciones, dificultan el crecimiento de nuestra microbiota reguladora. Por lo tanto son necesarias pero en cantidad menor. Si se genera un sobrecrecimiento de estas bacterias proteolíticas se transformarán en lo que se denomina patógenos facultativos.
Lo importante es el equilibrio
Lo importante es mantener un equilibrio en los índices de nuestra microbiota. Un ejemplo: los lactobacillus. Su exceso en nuestro organismo está asociado a SIBO, a la enfermedad de Crohn, a la artritis reumatoide y al estreñimiento severo. En cambio, su carencia se asocia a estrés crónico, intolerancia y malabsorción de lactosa y/o fructosa y al síndrome del intestino irritable.
Un ejemplo de la retroalimentación, de este beneficio compartido que mantenemos con nuestra microbiota, es la bacteria Akkermansia, hasta el momento la más importante dentro de la microbiota muconutritiva. Sabemos que esta bacteria degrada la mucina (las mucinas son proteínas muy pesadas que encontramos en el moco del intestino, pero también en el de los pulmones y tracto genital). Estas mucinas crean una red para retener todo aquello que puede ser perjudicial para nuestro organismo y, al tiempo que degrada la mucina, genera glicanos y oligosacáridos que serán aprovechados por otro tipo de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta como el ácido butírico, el cual alimentará a las células epiteliales (células que recubren el interior y el exterior del cuerpo, como el intestino, la piel y otras cavidades como el tracto urinario o las venas y arterias). Estas células epiteliales, a su vez, generarán el moco protector de las mucosas, cuya finalidad es, entre otras, la prevención de la invasión por microorganismos patógenos.
La Akkermansia muciniphila produce propionato, acetato y oligosacáridos y estimula además la secreción de péptidos antimicrobianos. Un aumento en la población de la bacteria Akkermansia muciniphila está asociado a un aumento de la biodiversidad de la microbiota intestinal, mientras que una disminución está asociada a inflamación intestinal (síndrome del colon irritable, Crohn y colitis ulcerosa), problemas metabólicos (sobrepeso, obesidad, hipertensión, diabetes, etc.) y problemas inmunológicos, sobre todo alergias.
Si tomamos como ejemplo a las bacterias proteolíticas, ya hemos comentado que son fundamentales para nuestra salud porque metabolizan proteínas en el intestino grueso, pero cuando se desequilibran o se multiplican en exceso generan un aumento del pH intestinal mediante la formación de amoníaco, una producción excesiva de aminas biógenas (metabolitos tóxicos), un aumento de la producción de gas y una sobrecarga hepática por NH3.
Por lo tanto, sabemos que las bacterias proteolíticas que colonizan de manera natural el intestino están presentes en muy pequeña cantidad (< 0,01 % del total) y se comportarán como patógenos facultativos si aumentan su número. Las toxinas que generan, si llegan a atravesar la pared intestinal debido, por ejemplo, a una permeabilidad alterada de la mucosa intestinal, pueden provocar alteraciones generales orgánicas (inmunitarias, intolerancias alimentarias, etc.).
Disbiosis intestinal
La disbiosis intestinal es la alteración en la composición y la funcionalidad de los microorganismos que componen la microbiota. Es un desequilibrio en el cual sobrecrecen ciertos microorganismos patógenos y disminuyen en número otros que son necesarios para realizar funciones vitales para mantener nuestra salud.
Cómo podemos analizar nuestra microbiota intestinal
Podemos hacerlo a través de una completa analítica de heces. Cuando enviamos las heces al laboratorio para que las analicen, lo que encuentran en la materia fecal en referencia al ADN de microorganismos son 4 grupos: bacterias en un porcentaje elevado y en menor cantidad arqueas, eucariotas (donde se incluyen hongos, parásitos) y también virus. Además de restos de comida no digeridos, células de las paredes intestinales, mucus, etc.
Montse Herrero (fisioterapeuta y PNIE) para Master-D Barcelona



